ME LO CONTO EL MAESTRO OTERO...
Los que aún amamos
el papel y sentimos su tersura, su olor, su docilidad, y sobre todo su
fidelidad como compañero de días de soledad., no podemos dejar de asombrarnos
lo que realmente estas hojas pueden contener. He podido encontrar entre archivos antiguos que han llegado a mis
manos, cartas secretas de amor, poesías nunca leídas en público, pensamientos
íntimos sobre familias que no se entienden, y hasta relatos extraños que nunca
han salido a la luz, lógicamente que no han podido faltar objetos volantes no
identificados que por su antigüedad nos
llevan a varios siglos atrás y hacer comparaciones con nuestro presente. ¿Y por
qué expreso esto?
Pues me refiero a varias toneladas de papel que nos
entrego en custodia un investigador
atípico chileno, y que llevo casi tres años tratando de ordenar y catalogar. Me
estoy refiriendo a los archivos de Luis Altamirano, quien confío en nuestro
trabajo en este país y que cada vez que nos sumergimos entre los cerros de
recortes de periódicos antiguos nuestra sorpresa es mayor. Permítanme compartir
con ustedes alguna de estas curiosidades en estos breves minutos.
Una arrugada y
amarillenta hoja llamó mi atención... decía en su parte superior ME LO CONTO EL MAESTRO OTERO... Era un escrito que dicho investigador
recopiló y que provenía de los años 40. Resumo para ustedes parte textual de lo
expresado por un tal Maestro Otero de aquellos años..... y que algún anónimo dejo
escrito en este deteriorado papel como un mensaje para el futuro. El papel
dice:
Este anciano
llamado el Maestro Otero, con mucho cariño por los lugareños, me habló y dijo
“Patroncito me gustaría conversar mucho con usted, porque lo he escuchado
comentar con los trabajadores... sobre los carros de fuego y yo tengo algunos
recuerdos de cosas que me contaba mi padre cuando yo era niño. Cosas que
pasaron por allá de 1753. Entonces la
familia de mi padre estaba viviendo por San Vicente, allá arriba de las
montañas, donde se dedicaban a la cabrería, haciendo muchos quesos.
Las personas en
cuestión formaban una pequeña unidad en comunidad, lo que daba vida a una aldea
compuesta por familias entrelazadas por dos o tres apellidos, en número no
superior a 70 personas, este pueblito se ubicaba al sur de una laguna de aguas muy cristalinas profundas. A
este lugar concurrían a beber de sus aguas miles de pajaritos y animales, y el
pueblito se sustentaba por medio de pequeñas canaletas para regar sus
plantíos y para todos sus servicios.
Estas gentes con
sus conductas propias de las personas de los pueblos chilenos, en especial en
sus campos, son muy creyentes y respetuosas de las cosas religiosas. Todos los
días se rezaba la Oración en comunidad y luego se recogían cada uno a sus casas
y sellaban puertas y ventanas, y no las abrían hasta el día siguiente.
Se comentaba en
todo este lugar que el Diablo venía por las noches en formas de ruedas volantes
echando fuego de todos los colores, descendían sobre las aguas de la laguna y
sacaban tanta agua que el nivel de la laguna descendía y no corría agüita por
las canaletas hacía el pueblo. El ruido que hacían era como panales de abejas
volando. El miedo les impedía observar, porque el Diablo se los podía llevar y
cada vez que los pobladores bajaban al pueblo después de vender sus productos,
se iban a beber sus traguitos y contaban las cosas que veían, pero la gente
decía que era cosas de “curaos” (ebrios)
no le creían.
Pero un día el
pueblo entero pudo ver algo muy parecido a lo que los carboneros, como les
llamaban que habían contado. Una tremenda tempestad de vientos, relámpagos y
truenos, cesó de pronto y vino una gran tranquilidad y sin hacer el menor ruido
cruzan los cielos varias de estas ruedas voladoras como barcos “caleuches” (*) pero en la pueblita de los carboneros también
paso algo muy extraño, por qué además de ese terrible diluvio que duró toda la
noche, al día siguiente como de costumbre todo el vecindario se levantó muy
temprano y se fueron a revisar los daños producidos, pero para su gran
sorpresa. No había laguna.
En este punto hay
que recordar a los amigos auditores que este hecho de la desaparición de
lagunas y algunos lagos en la zona patagónica se ha dado en varias
oportunidades en estos últimos años, y este campesino dejo este hecho narrado a
sus patrones hace muchos años atrás y recién fue recopilado en los años 40...
Pero lo más extraño de este caso es que con el tiempo dice este viejo
trabajador de apellido Otero que de nuevo apareció la laguna y que hoy día se
llama de Acúleo y que es toda una
atracción turística.
Nuestra curiosidad
fue más allá de este sector y es así
como encontramos en las diferentes etnías que han vivido en esta larga y
angosta faja de tierra, en el Norte de Chile también ruedas voladoras las cuales quedaron impresas en grandes rocas
en el desierto de Atacama. A miles de kilómetros de la laguna de mencionada por
el trabajador Otero.
En la IX Región
tenemos otro ejemplo de esta conexión Ovnis y agua. En el año 1973, sobre los
cerros de la Cordillera de Nahuelbuta, dirección Norte y a una altura de un par
de miles de metros se observaron unos objetos grandes, redondos y que
comenzaron a bajar sobre las Canteras, lentamente. Los objetos hacían toda
clase de movimientos, piruetas, curvas, círculos, etc. Los objetos no venían en
orden, pero si juntos. Víctor López, peculiar personaje que vive en estas
canteras abandonadas, contabilizo 15 objetos, y nos declara tajantemente que no
eran aviones, pues no producían ruido alguno y se quedaban “sosegaditos”
(textual) o sea “estáticos” en el aire.
Varios testigos,
entre ellos Víctor López subieron a los roqueríos altos que rodean las Canteras
y ante su asombró vieron que estos objetos bajaban a las lagunas. La vista de
los testigos no podía ser mejor desde las alturas de las rocas, y es así como
logran describir estos aparatos de forma circular, como platos invertidos, de
unos 8 a 10 metros de diámetro y de unos 3 metros de alto. El color era aluminio,
pero no muy brillantes, Se aprecian ciertas aberturas a los costados, como
ventanillas redondas, de donde sale una luz de diferentes colores. Los aparatos
estaban como fijos en el aire, pero a veces daban golpes de luz. Nada giraba en
estos ni se movía. Sólo cambios de luces muy variadas.
Los extraños aparatos
estuvieron cerca de 10 minutos haciendo
movimientos diversos en el aire antes de bajar sobre la laguna principal de la
Cantera. Dos de estos aparatos de detuvieron a unos cuatro o cinco metros del
agua que en aquellos años tenía una profundidad de unos cinco metros. Los otros
objetos también bajaron lentamente y quedaron fijos como a 10 metros de la
superficie del agua… Los testigos vieron esto “desde arriba de la Cantera” a
una altura de 40 metros. La distancia aproximada de estas personas a los aparatos
en la laguna era de unos 50 metros solamente. Los aparatos estaban medio a
medio del pozo principal. Estos objetos permanecieron silenciosos e inmóviles,
sin emitir ninguna luz hacia el agua durante unos 3 a 5 minutos. Tiempo que
según los testigos fue de un silencio sepulcral y que vivieron intensamente los
obreros que subieron a las rocas.
La pregunta sería
¿Qué atrae a estos aparatos circulares, ruedas voladoras o platos invertidos a estas lagunas? ¿El agua? ¿Qué tipo de energía
buscan?
Por de pronto,
nuestra búsqueda por esos archivos casi artesanales de nuestro viejo amigo están
plenos de noticias respecto a testimonios donde estos objetos circulares sin
identificar se posan sobre lagunas y porciones de aguas a través de los tiempos...
Nuestra impotencia es grande al ver tanta continuidad de estos sucesos a través
de diferentes épocas, sólo podemos decir que este abstracto puzle es algo que
nos supera... y también – porque no decirlo – nos da algo de angustia.
Hoy en día, el
investigador Luis Altamirano reposa su solitaria vejez en un hogar de ancianos,
pero siempre está vigente con sus papeles arrugados y amarillentos que nos
dejo.
Raúl Núñez
Emitido por el programa radial "Otros Mundos" en España
Viernes 21.Febrero.2014
