30 de junio de 2018

NI ASTEROIDE NI NAVE, OUMUAMUA


EL VISITANTE DE FUERA DEL SISTEMA SOLAR, ES UN COMETA
Científicos han detectado en este objeto el impulso procedente de la liberación de partículas en la coma, tal como ocurre en los cometas

En octubre de 2017 astrónomos de la Universidad de Hawái (Estados Unidos) detectaron la luz procedente del primer viajero interestelar descubierto, procedente de más allá del Sistema Solar. 

Los científicos lo bautizaron como Oumuamua (que significa algo así como explorador, en hawaiano) y concluyeron que era un cometa o quizás un asteroide procedente de la constelación de Lyra que viajaba a una velocidad extraordinariamente alta. Estudios posteriores estimaron que su longitud era de 160 metros, que tenía forma de puro y que viajaba a unos 30 kilómetros por segundo. Finalmente, se concluyó que era un asteroide porque no tenía la cabellera típica de estos objetos (la coma), ni tampoco una cola, ambas generadas cuando la radiación solar calienta la superficie de estos objetos.

Esta semana, un estudio publicado en Nature, y dirigido por científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA), ha descubierto que la órbita de Oumuamua solo puede explicarse si una fuerza extra (aparte de la gravedad del Sol, planetas y pequeños cuerpos) le está impulsando. Después de descartar varias posibles causas, las observaciones de varios telescopios han revelado que este objeto se mueve más rápido de lo pensado y que su trayectoria se puede explicar si está liberando chorros de gas y vapor, en un proceso que se conoce como «desgasificación», que le aceleran y desvían. Por tanto, la conclusión es que Oumuamua es un cometa y no un asteroide, a pesar de que su coma no sea visible.

«Creemos que Oumuamua es un pequeño y extraño cometa», ha comentado en un comunicado Marcho Micheli, primer autor del estudio y científico de la ESA. «Los datos –recogidos por el "Very Large Telescope", VLT, y el Hubble, entre otros– indican que su aceleración se hace más pequeña a medida que se aleja del Sol, lo que es típico de cometas».

La radiación solar calienta la superficie de los cometas y provoca la sublimación de su hielo. Tal como se vio con gran detalle gracias a Rosetta, este proceso puede ser violento y generar estallidos y chorros que expulsan al espacio fragmentos de polvo y rocas, que generan la cabellera o coma, y que pueden impulsar al cometa. Por otro lado, la radiación solar interacciona con ciertas moléculas, y crea enormes colas ionizadas de hasta millones de kilómetros de longitud. El problema que hay con Oumuamua es que ninguna de estas cabelleras es visibles desde la Tierra.

«No vemos ninguna huella de polvo, coma o cola, lo que es bastante inusual», ha explicado en un comunicado Karen Meech, coautora de estudio e investigadora en la Universidad de Hawái (EE.UU.), que en 2017 participó en el descubrimiento del cometa. ¿Cuál sería entonces la explicación? «Creemos que Oumuamua podría expulsar granos de polvo inusualmente grandes y gruesos». Estos impulsarían al cometa pero serían indetectables desde la Tierra.

Los investigadores especulan que quizás el polvo característico que expulsan los cometas del Sistema Solar se erosionó en Oumuamua, durante su viaje interestelar de millones de años. Por eso, cuando pasó por las «proximidades» de la Tierra, solo quedaban sobre su superficie los granos más gruesos.

Por desgracia, estas conclusiones implican que la trayectoria de Oumuamua es compleja y que será muy difícil averiguar de dónde procede. «La verdadera naturaleza de este enigmático nómada interestelar podría ser, para siempre, un misterio», ha concluido Olivier Hainaut, coautor del estudio y astrónomo del Observatorio Europeo Austral (ESO).

De hecho, todo apunta a que no volveremos a ver a este extraño cometa. Después de un acercamiento de 33 millones de kilómetros a la Tierra (86 veces la distancia que hay entre nuestro planeta y la Luna), el cometa se dirige a las afueras del Sistema Solar a una velocidad aproximada de 114.000 kilómetros por hora.  ABC