23 de febrero de 2014

ENTRE PAPELES ARRUGADOS Y AMARILLENTOS

ME LO CONTO EL MAESTRO OTERO...

Los que aún amamos el papel y sentimos su tersura, su olor, su docilidad, y sobre todo su fidelidad como compañero de días de soledad., no podemos dejar de asombrarnos lo que realmente estas hojas pueden contener. He podido encontrar entre archivos antiguos que han llegado a mis manos, cartas secretas de amor, poesías nunca leídas en público, pensamientos íntimos sobre familias que no se entienden, y hasta relatos extraños que nunca han salido a la luz, lógicamente que no han podido faltar objetos volantes no identificados que por  su antigüedad nos llevan a varios siglos atrás y hacer comparaciones con nuestro presente. ¿Y por qué expreso esto?

Pues  me refiero a varias toneladas de papel que nos entrego en custodia  un investigador atípico chileno, y que llevo casi tres años tratando de ordenar y catalogar. Me estoy refiriendo a los archivos de Luis Altamirano, quien confío en nuestro trabajo en este país y que cada vez que nos sumergimos entre los cerros de recortes de periódicos antiguos nuestra sorpresa es mayor. Permítanme compartir con ustedes alguna de estas curiosidades en estos breves minutos.

Una arrugada y amarillenta hoja llamó mi atención... decía en su parte superior ME LO CONTO EL MAESTRO OTERO... Era un escrito que dicho investigador recopiló y que provenía de los años 40. Resumo para ustedes parte textual de lo expresado por un tal Maestro Otero de aquellos años..... y que algún anónimo dejo escrito en este deteriorado papel como un mensaje para el futuro. El papel dice:

Este anciano llamado el Maestro Otero, con mucho cariño por los lugareños, me habló y dijo “Patroncito me gustaría conversar mucho con usted, porque lo he escuchado comentar con los trabajadores... sobre los carros de fuego y yo tengo algunos recuerdos de cosas que me contaba mi padre cuando yo era niño. Cosas que pasaron por allá de 1753.  Entonces la familia de mi padre estaba viviendo por San Vicente, allá arriba de las montañas, donde se dedicaban a la cabrería, haciendo  muchos quesos.

Las personas en cuestión formaban una pequeña unidad en comunidad, lo que daba vida a una aldea compuesta por familias entrelazadas por dos o tres apellidos, en número no superior a 70 personas, este pueblito se ubicaba al sur de una  laguna de aguas muy cristalinas profundas. A este lugar concurrían a beber de sus aguas miles de pajaritos y animales, y el pueblito se sustentaba por medio de pequeñas canaletas para regar sus plantíos  y para todos sus servicios.

Estas gentes con sus conductas propias de las personas de los pueblos chilenos, en especial en sus campos, son muy creyentes y respetuosas de las cosas religiosas. Todos los días se rezaba la Oración en comunidad y luego se recogían cada uno a sus casas y sellaban puertas y ventanas, y no las abrían hasta el día siguiente.

Se comentaba en todo este lugar que el Diablo venía por las noches en formas de ruedas volantes echando fuego de todos los colores, descendían sobre las aguas de la laguna y sacaban tanta agua que el nivel de la laguna descendía y no corría agüita por las canaletas hacía el pueblo. El ruido que hacían era como panales de abejas volando. El miedo les impedía observar, porque el Diablo se los podía llevar y cada vez que los pobladores bajaban al pueblo después de vender sus productos, se iban a beber sus traguitos y contaban las cosas que veían, pero la gente decía que era cosas de “curaos” (ebrios)  no le creían.

Pero un día el pueblo entero pudo ver algo muy parecido a lo que los carboneros, como les llamaban que habían contado. Una tremenda tempestad de vientos, relámpagos y truenos, cesó de pronto y vino una gran tranquilidad y sin hacer el menor ruido cruzan los cielos varias de estas ruedas voladoras como  barcos “caleuches” (*)  pero en la pueblita de los carboneros también paso algo muy extraño, por qué además de ese terrible diluvio que duró toda la noche, al día siguiente como de costumbre todo el vecindario se levantó muy temprano y se fueron a revisar los daños producidos, pero para su gran sorpresa. No había  laguna.

En este punto hay que recordar a los amigos auditores que este hecho de la desaparición de lagunas y algunos lagos en la zona patagónica se ha dado en varias oportunidades en estos últimos años, y este campesino dejo este hecho narrado a sus patrones hace muchos años atrás y recién fue recopilado en los años 40... Pero lo más extraño de este caso es que con el tiempo dice este viejo trabajador de apellido Otero que de nuevo apareció la laguna y que hoy día se llama de Acúleo  y que es toda una atracción turística.

Nuestra curiosidad fue más allá de este sector  y es así como encontramos en las diferentes etnías que han vivido en esta larga y angosta faja de tierra, en el Norte de Chile también ruedas voladoras  las cuales quedaron impresas en grandes rocas en el desierto de Atacama. A miles de kilómetros de la laguna de mencionada por el trabajador Otero.

En la IX Región tenemos otro ejemplo de esta conexión Ovnis y agua. En el año 1973, sobre los cerros de la Cordillera de Nahuelbuta, dirección Norte y a una altura de un par de miles de metros se observaron unos objetos grandes, redondos y que comenzaron a bajar sobre las Canteras, lentamente. Los objetos hacían toda clase de movimientos, piruetas, curvas, círculos, etc. Los objetos no venían en orden, pero si juntos. Víctor López, peculiar personaje que vive en estas canteras abandonadas, contabilizo 15 objetos, y nos declara tajantemente que no eran aviones, pues no producían ruido alguno y se quedaban “sosegaditos” (textual) o sea “estáticos” en el aire.

Varios testigos, entre ellos Víctor López subieron a los roqueríos altos que rodean las Canteras y ante su asombró vieron que estos objetos bajaban a las lagunas. La vista de los testigos no podía ser mejor desde las alturas de las rocas, y es así como logran describir estos aparatos de forma circular, como platos invertidos, de unos 8 a 10 metros de diámetro y de unos 3 metros de alto. El color era aluminio, pero no muy brillantes, Se aprecian ciertas aberturas a los costados, como ventanillas redondas, de donde sale una luz de diferentes colores. Los aparatos estaban como fijos en el aire, pero a veces daban golpes de luz. Nada giraba en estos ni se movía. Sólo cambios de luces muy variadas.

Los extraños aparatos estuvieron cerca de  10 minutos haciendo movimientos diversos en el aire antes de bajar sobre la laguna principal de la Cantera. Dos de estos aparatos de detuvieron a unos cuatro o cinco metros del agua que en aquellos años tenía una profundidad de unos cinco metros. Los otros objetos también bajaron lentamente y quedaron fijos como a 10 metros de la superficie del agua… Los testigos vieron esto “desde arriba de la Cantera” a una altura de 40 metros. La distancia aproximada de estas personas a los aparatos en la laguna era de unos 50 metros solamente. Los aparatos estaban medio a medio del pozo principal. Estos objetos permanecieron silenciosos e inmóviles, sin emitir ninguna luz hacia el agua durante unos 3 a 5 minutos. Tiempo que según los testigos fue de un silencio sepulcral y que vivieron intensamente los obreros que subieron a las rocas.

La pregunta sería ¿Qué atrae a estos aparatos circulares, ruedas voladoras o platos invertidos a  estas lagunas? ¿El agua? ¿Qué tipo de energía buscan?

Por de pronto, nuestra búsqueda por esos archivos casi artesanales de nuestro viejo amigo están plenos de noticias respecto a testimonios donde estos objetos circulares sin identificar se posan sobre lagunas y porciones de aguas a través de los tiempos... Nuestra impotencia es grande al ver tanta continuidad de estos sucesos a través de diferentes épocas, sólo podemos decir que este abstracto puzle es algo que nos supera... y también – porque no decirlo – nos da algo de angustia.

Hoy en día, el investigador Luis Altamirano reposa su solitaria vejez en un hogar de ancianos, pero siempre está vigente con sus papeles arrugados y amarillentos que nos dejo.

Raúl Núñez
Emitido por el programa radial "Otros Mundos" en España
Viernes 21.Febrero.2014