3 de diciembre de 2013

OVNIS EN CUBA


RECUERDOS DE UN PLATILLO VOLADOR

por Celedonio González

Remigio Bravo era médico y se casó con mi prima Cuca. Al principio vivieron en el poblado de Manicaragua, famoso por sus vegas de tabaco y otras cosas menos enaltecedoras. Después de un tiempo se mudaron para Santa Clara.

Remigio y Cuca murieron juntos en un accidente en la Carretera Central. Por eso yo le tengo miedo pánico al destino, por muchas cosas, pero aun más después de aquella muerte de mis parientes. La pareja, que casi siempre andaban juntas, iba en un autobús para la playa de arena fina de Varadero. Cerca del pueblo Coliseo, allí donde ganó la batalla del mismo nombre el inmortal Máximo Gómez, esperaba una cita cruel con el destino y cuando estaban a las alturas de ese descolorido poblado, un auto se telescopio contra la guagua, precisamente en el lugar que estaban los asientos que ocupaban mis dos parientes. Yo vivía lejos cuando ocurrió el hecho y no sé con certeza si murieron instantáneamente o en algún hospital de las cercanías.

Remigio era especialista en garganta, nariz y oído. En eso yo estaba en el Instituto haciendo el bachillerato y casi todos los días atravesaba el parque Vidal y caminando por un costado del Palacio de Gobierno tomaba por la calle Buenviaje, hasta la mitad de la cuadra, que era donde ellos vivían. Yo creo que siempre llegaba después del almuerzo porque sólo recuerdo a Remigio sentado en un sillón, mirando para un patio interior, con un tabaco en la boca.

En una de esas llegadas me dijo Cuca: ¿Tú no sabes que remigio vio un platillo volador? Yo, que en esa época no cría ni en la Cordillera de los Andes, le respondí ¡Ah, sí! y seguí mi rutinaria escapada de las aulas sofocantes del mediodía, adentrándome en aquella casona que podía esconder a un guerrillero urbano por año y medio. Pero en otra ocasión me encontré con Remigio y como estaba bobo mirando las volutas de humo que salían de su tabaco rumbo a la mata de chirimoya del patio interior y yo no tenía de qué hablar, en lugar de juntarme a sus estáticas contemplaciones, le pregunté: ¿Verdad que viste un platillo? Sí, desde aquí, me respondió. Cuca me lo dijo el otro día, pero se me había olvidado comentarlo contigo. Todo esto debe haber sido dicho con la pedantería y autosuficiencia esa tan chocante que se lleva encima a los 17 años. Remigio, puede que no comprendiera mis intenciones o quizás que fuera medio filósofo, desde su estancia en Manicaragua, y no demostró disgusto alguno. Entonces, con sus mejores gesticulaciones, empezó a explicarme.

Mira, yo estaba sentado aquí mismo. Creo que dormitaba, como siempre me pasa en este sillón después del almuerzo. Pero de repente aunque yo no miraba en esa dirección noté, de soslayo, que había algo extraño que se podía vislumbrar por dentro de los gajos de la mata de chirimoya. Me espabilé del todo y me puse a mirar fijamente para el objeto que estaba allí. Y me apuntó con el dedo para cierto espacio azul y desocupado del firmamento. Yo estaba escuchando con la misma atención que prestaba al sermón del cura todos los viernes primero de mes, pero se me vino a la mente la lógica pregunta. ¿Y qué forma tenía? Era exactamente igual a un tabaco - contestó Remigio Bravo.

Ya no recuerdo mi reacción pero la adivino. Sé que me marché antes de tiempo y me fui a sentar al parque con aquella impedimenta gigantesca de libros y libretas, que casi nunca usaba.

Pasaron los años, Remigio y Cuca estaban enterrados. Engavetado en ese lugar maravilloso y desconocido que es nuestro cerebro, estaba el testimonio del platillo atabacado, ni siquiera yo sabía que estaba allí. Empezaron a salir platillos voladores por todas partes y empecé yo a interesarme por el fenómeno más bien buscando como Colón, nuevas tierras, ya que me había empezado a dar cuenta que ésta se estaba deteriorando. Encontré un libro de un experto en el que decía que la madre nave de los platillos tiene la invariable forma de un tabaco y ahí mismo la computadora cerebral dió la señal de alarma.

Que sean estas líneas finales un recuerdo afectuoso para aquellos dos familiares míos que murieron como siempre habían vivido.

Fuente: Diario Las Americas - pág.6 - miércoles 7 de Septiembre de 1983

Virgilio Sanchez-Ocejo
Miami UFO Center